Desternillante artículo sacado de Vicisitud y sordidez sobre quienes fueron los pilotos que pasarán a la historia de la F1, y no por su pilotaje…. Lean, lean

Que los garrulos no te impidan ver el bosque: hubo una época en la que tirarse a Estefanía era el auténtico Gran Premio de Mónaco, en la que alguno pasó de ir a una carrera para ver un combate de boxeo, en la que los pilotos tocaban en grupos con nombres como “Sexo, Hitler y las feromonas” y, como decía el gran John Waters “existía la posibilidad de que hombres maduros pudiesen hacerse algún daño severo”.

Como talibán de la F1 que soy desde el ’86, tengo la necesidad de reivindicar esta maravillosa manifestación estética – no pienso insultarla llamándole “deporte” – aunque sea a golpe de pijerío o elitismo. Así que, para todos ustedes, amigos sórdidos, una reivindicación de las personas a las que realmente hay que ADMIRAR en la F1. ¡Recuperemos los valores de una vez! ¡Desmárquese del rebaño, señora!

James Hunt

EL putero por antonomasia. Viendo una foto de James, en un arrebato gay, un conocido me dijo “¡Qué bien le sentaban a los hombres los años 70!”. Hunt sabía que había una cosa más importante que ganar carreras, y eso era follar (tangencialmente, también tajarse y meterse toda suerte de psicotrópicos).

 


Pero había que follar con CLASE, y eso me parece algo fundamental. Digámoslo ya, pocas cosas más pijas existen que la F1. Y eso es algo bueno. Escoria como Valentino Rossi puede retirarse a sus fazañas de discoteca de polígano a las que pertenece. ¿Es que a alguien le interesa la glorificación del calorro? Que Rossi merezca atención mediática habida cuenta de la existencia de gente como Flavio Briatore o de sórdidos con el estilazo de Hunt ofende a nuestro señor Jesucristo. Lo siento, siempre he sido más del Hola que del Pronto: las fazañas de Estefanía de Mónaco le están vedadas a Belén Esteban. El mundo es así de injusto, hasta Marx lo sabía.

Pero volviendo a Hunt. ¿Cómo no se puede amar a un tío que, nada más llegar al circuito, pasaba de los mecánicos y se iba al hotel a tirarse a todas las azafatas? En McLaren le esperaban para la puesta a punto del coche, pero él ya se había acercado a un grupo de baby babys diciendo “Hola nenas. Soy James Hunt”. ¿Y el momento en el que una periodista se acostó con el para elaborar una artículo que evaluase la técnica sexual de James? Esas sí que son prioridades vitales. De hecho, hubo momentos en los que, en plena enajenación, Hunt se sacaba el cimborrio delante del público para mear sobre las atónitas gradas. ¡Ah, esa época sin sponsors dando por saco!

El mejor momento de Hunt se produjo la noche antes de unos entrenamientos. Como buen gambitero que era, lió a Niki Lauda para irse de putas con él. El resultado: llegar al circuito de empalme. No resulta lo más adecuado para ir a 300 por hora, así que Niki consiguió joder el cambio de marchas para no dar ni una vuelta. En su camino de regreso a boxes, vio el McLaren de Hunt apoyado contra unos guardarraíles. Corrió para ver si Hunt se había hecho pupita, pero, en realidad, había aparcado el coche en plenos entrenamientos para echarse una siestorra. Eso es tener actitud y lo demás es demagogia. Fijaos en esta entrevista: “James, has ganado en Inglaterra ¿Qué significa eso para ti? – Nueve puntos, 20.000 dólares y mucha felicidad”.Acto seguido, continúa de carallada y hasta pide un pitillo al entrevistador. Muy grande.

 

Fue un acto de justicia divina que Hunt “the shunt” – así llamado por su propensión a estrellar su coche contra otros rivales – lograse ser campeón del mundo el año que Niki Lauda se hizo su oreja a la plancha. Y lo logró en una carrera polémica, con dosis de antideportividad y lo que es mejor: cagándose en todo su equipo mientras le intentaban explicar que había logrado ser campeón.

Una vez se retiró, intentó ser comentarista de tv, pero casi nunca aparecía por la cabina, porque estaba follando en cualquier sitio. Finalmente, abrazó el ideal de colocarse y ver la tele y murió endroghao por ahí. Finish what you started…

Eddie Irvine

Soy el orgulloso poseedor de un autógrafo de ente onvre. El día que lo ví probar su Jaguar en Montmeló, me fascinó su descenso del monoplaza: se quitó su casco de bellísimo diseño de leopardo y largó tremendo escupitajo al suelo. Caí rendido a sus pies mientras le dije que él merecía haber ganado el mundial ’99 “sólo si el mierdas de Chumáquer te hubiese echado una mano contra el soso de Hakkinen”. Asintió sonriendo mientras me decía “That’s life”.

Eddie es el autor de la frase “Mi único interés en la vida es mirar al tío que esté a mi lado y poder decirle: conduzco más rápido que tú y mi novia está más buena que la tuya”. Implícito queda que, de no ser ese el caso, Eddie haría todo lo posible para remediar esa circunstancia. El que su última conquista conocida haya sido Pamela Anderson demuestra que el criterio siempre ha sido una de las cualidades de nuestro norirlandés favorito.

Eddie se dio a conocer dedicándose a insultar a Ayrton Senna cuando el gilipollas brasileño – se creía elegido por Dios – le recriminaba el “haberse desdoblado”. Que un novato se atreviese a plantar cara a aquel imbécil fue algo que me sedujo. Pero la grandeza de Eddie llegaría a su cenit en el ’99. Ferrari le había contratado para que fuese el perrito faldero de Chumáquer. Y fue entonces cuando el alemán tuvo la mala idea de romperse las piernas a mitad de temporada, con lo cual Eddie tuvo la oportunidad de aspirar al campeonato. En un alarde de sinceridad que le hizo merecedor de mi amor incondicional llegó a decir “Lo reconozco: el día que Chumáquer se partió las piernas fue el día más feliz de mi vida”. Luego, Michael volvió para ayudar a nuestro putero favorito en carreras memorables pero, al final, la mediocridad que domina la vida se impuso y Ferrari decidió que no ayudarían a “ese playboy” al que, además, echarían del equipo. La triste carrera de Suzuka ’99 supuso el segundo título del aburrido Hakkinen y una oportunidad perdida para el triunfo de uno de los grandes sórdidos de la F1. Para los que sólo conozcan las aburridas conferencias de prensa de hoy en día, vean la guerra de toallas y zumo de naranja entre Eddie y Mika de este vídeo.

Sus últimos años como piloto los pasó en el mediocre equipo Jaguar más pendiente de follar que de correr. Pero tuvo momentos brillantes, como el día en el que defendió al piloto probador de su escudería. Querían echarlo porque la prensa le había pillado siendo objeto de una felación mientras estaba en su coche en un garaje. Eddie, con sentido común, dijo “Me parecería lógico que le echasen si le comen la polla mientras conduce nuestro F1. Pero lo que hacía en el garaje sólo podía hacerle rendir mejor”.

Eddie, vuelve, please, aún con esas lorcillas de turista inglés que viaja a Mallorca te queremos. Feck, te queremos aún más: significa que no pierdes tu tiempo poniéndote en forma. ¿Qué mentalidad cristiana es esa de torturarse? Mejor tocarte las bolas mientras un ingeniero, haciendo trampas, logra que tu coche vaya más rápido.

Jenson Button

Toma ya: el tercer británico de la lista. Esa gran dicotomía de una nación tan clasista: produce a los mejores pilotos, músicos, actores… pero muchos de ellos tienen que ser vendidos a la chusma vía The Sun o el Mirror, y ahí es donde nace la causa de todos los males.

Llamadme clasista, pero una somera visión de la Gran Bretaña deprimida te hace recordar esa gran frase de George Orwell “There is no hope within the proles”. Uséase, que no te esperes nada del proletariado, y menos del británico. Por ello, si creéis que lo de la Alonsomanía es insoportable, leer los tabloides ensalzando a los sobrehumanos deportitstas de la Gran Bretaña, eso sí que causa auténtico vómito. Si es que lo único que vale de esos periodicuchos es la página 3 (¿Hace cuánto que no son capaces de producir una Samantha Fox?) y algún titular tipo “I did give PJ a BJ”. De esta forma, es difícil poder disfrutar al 100% de un piloto británico (como ahora con Hamilton, pero ya me cagaré en su padre más adelante).

Button, con gran sabiduría, aprovechó la “Buttonmanía” desatada en la Gran Bretaña de la mejor forma posible: en vez de hacer el papel de buen chico, decidió que lo mejor era que la fama se le subiese a la cabeza y disfrutar de algo más satisfactorio que subirse al podium. Frente a aburridos como Chumáquer y Alonso, que eligen un coñazo de país como Suiza para escaquearse del fisco, Button optó por defraudar a hacienda como hacen los hombres de bien: yéndose a Mónaco.

Durante un año, Button sólo se quitó el smoking para ir a las carreras o para ir al dormitorio. Siempre acompañado, of course.

Un amigo de Paco Fox, considerado como uno de los mayores freaks que conocemos – y eso es una acusación muy grave – diseñó un juego para móvil llamado “Jason Button GP”. “Lo sacaré el día que gane una carrera” (Button era el piloto que tenía el récord de haber logrado más puntos sin haber ganado nunca). Ese momento llegó el año pasado, pero da igual. El estar conduciendo, a día de hoy, un coche veramente hondrrendo sigue demostrando que la calidad es intrínseca a su persona.

Nelson Piquet

Lo admito: Brasil no me gusta prácticamente nada. A cambio de dos grupazos ya en decadencia (Angra y Sepultura) y alguna cosa bella como el Movimiento de los Sin Tierra, hay que aguantar una ingente montaña de ignominia coronada por uno de los idiomas más feos y desagradables del mundo (daría una patada en los testículos a todo aquel que diga lo de “joga bonito”), por “A garota de Ipanema” (La peor canción ever y uno de los peores ogros de la humanidad junto a la bomba atómica), por Ronaldinho (le haría el favor de deshacerle los dientes a patadas, o lo que es peor: le llevaría a una clínica dental para que le arreglaran ese cristo) y por Ayrton Senna (no vale que digas que Dios pilota contigo si luego no tienes estigmas o levitas en el podium).

Pero en todo hay excepciones, y un putero en toda regla como Nelson Piquet es, junto las patillas de Fittipaldi, la única aportación memorable de Brasil al automovilismo. Si ya dijimos que los chistes de caca hacen gracia, Piquet los sofisticó dedicándose a cosas como mear y alertar a los ingenieros de pérdidas de líquido. De idéntica manera, a la que se inclinaban sobre el regazo para hacerle ajustes en el habitáculo, Nelson no dudaba en tirarse un sonoro cuesco. Otro de sus hits sería el derramar sutilmente agua mineral en el bolsillo de Jean-Marie Balestre (supremo de la F1 por aquel entonces) durante una conferencia de prensa. Luego, a la que Balestre se levantó, los pilotos pensaron en un caso de incontinencia o, mejor aún, en un momento tipo “Loca academia de policía”.

Pero fue su rivalidad con Nigel Mansell – su compañero de equipo en Williams – la que produjo los mejores momentos. Cada vez que lograba ir al váter antes que Nigel, no dudaba en dejarle sin papel higiénico (again, un maestro de la caca). En 1987, a la que se disputaba el mundial contra Mansell, no dudaba en declarar “¿Mi estrategia de carrera? Lo fundamental, intentar sacarle de pista en la primera curva”. O llegando al terreno de lo personal: “Mansell es un imbécil, y su mujer también. Además, es fea y gorda”. Desde la superioridad de tener una baby baby en cada circuito podía hablar el gran Nelson.

Ojalá Alonso aprenda de él y se olvide de mantener el absurdo buenrollismo entre “compañeros” de equipo. In the meantime, recordemos el mejor doblaje de la historia. Cortesía de Nelson, of course.

Gerhard Berger

Venga, un chiste malo: “Gran premio de Mónaco. Seis pilotos se matan en esa carrera. Va la mujer de Berger a la morgue a identificar el cadáver. Le enseñan uno “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un segundo cadáver: “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un tercero: “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un cuarto. “¡Oiiiii! ¡Pobre Gerhard mio! ¡Nunca consigues estar entre los tres primeros!”.

Que no estés llamado a la grandeza deportiva no significa no significa que no se te idolatre en este blog. De hecho es lo que suele suceder. En el caso de Gerhard, ya de pequeño noté que era un cachondo, hasta me dediqué a acometer un retrato suyo con bellos Plastidecor en uno de mis apoteósicos arrebatos de frikismo.

La experiencia me demostró que tenía razón. Berger vivía en un constante estado de carallada que conoció su momento de gloria a la que fue compañero del sieso Ayrton Senna. Berger se empeñó en que éste se tomase la vida con más alegría. “Tengo una maleta de diseño y de un material irrompible” le decía el brasileño. Berger lo intentó comprobar empíricamente tirando la maleta desde un helicóptero. En otra ocasión Senna, tras una noche en vela gritaba a Berger “¡Cabrón! Me he pasado toda la noche cazando las ranas que metiste en mi habitación…” “¿No encontraste la serpiente?” Respondió Gerhard. ¿Y que tal el día que le intentó dar un zumo de naranja con somníferos antes del inicio de una carrera? Still, nada supera el momento en que chorizó el pasaporte de Senna y sustituyó su foto por una de unas cholas (o carallo e as dúas bolas). En la aduana, a la que vieron tan bella foto de unos genitales, no dudaron en decirle a un desconcertado Ayrton “A ver, cachondo, acompáñenos a esta habitación…”.

En última instancia, Gerhard es un consuelo para el conductor de a pie que no dedica mucho tiempo a intentar aparcar. Berger es de los pocos que ha conseguido aparcar un coche boca abajo (don’t ask). En este vídeo podéis ver, además, su habilidad con los retrovisores.

Kimi Raicoñen

Me costó cogerle el punto a este autista finlandés, pero verte varias pelis seguidas del gran Kaurismaki hace que consigas comprender a esta gente. En ese país, carente de sentido del humor, sentarse seriamente a bajarte una botella de vodka para, a continuación, liarte a hostias, es una opción vital bastante normal. Y, en cierto sentido, me resulta encomiable.

Hablando con jalop – con quien comparto la náusea hacia la épica deportiva – encomiábamos a Lance Armstrong por el mero hecho de haber padecido una extirpación de testículos para superar un cáncer. “Que triunfe lo que quiera: un capado nunca podrá ser un héroe de la juventud”. Por eso aprecio que, ahora, Alonso sea más bien sieso y displicente. Era asqueroso cuando la patología ultracompetitiva de esta gentuza de quería vender como “Un valor para la juventud”. Por eso, en el caso de Raicoñen, sería bello oír en un colegio de Helsinki “Kimi entrando en pelotas en un bar de showgirls es un ejemplo para los niños finlandeses”. O “Kimi siendo sorprendido en la cama con tres fulanas por su mujer, como si de un chiste de Arévalo se tratase, es el espejo en el que deberían reflejarse la adolescencia escandinava”.

Lo grande de Raicoñen es que, como el gran Ernesto de Hangover, es un borrachuzo irredento. A la que en Ferrari le pidieron ser más comedido en su festeira way of life, Kimi respondió que “Haré lo que me dé la gana. Si no fui campeón con McLaren no fue por beber, sino porque el coche era una porquería”.

Y, como fans de la caca que somos, recordemos la gran falta de respeto de Kimi a Chumáquer en su retirada. Y al payaso de Pelé como bello bonus. Ese día Raicoñen entró en el olimpo.

A la que Kimi se deje un bigotón finlandés como su gran paisano Keke Rosberg, será mi héroe contemporáneo definitivo.

Alain Prost

Mi piloto favorito. Pero aquí no estamos para hablar de pilotaje, sino para preguntarnos cómo alguien tan calculador, estratégico y fino en la pista como Alain Prost podía ser tal desastre de relaciones públicas a la que abría la bocaza.
Su primer gran hit fue que le echasen de Renault por acostarse con la mujer del jefe de equipo (sí, sé que resulta de ciencia ficción que alguien tan feo floghe, pero el universo tiene catorce dimensiones espaciales y dos temporales). También, para crear ambiente de equipo, se tiró a las mujeres de sus amigos Laffite, Pironi y Arnoux.

Su estrategia para conquistar parecía sacada del Leisure Suit Larry: durante 50 días enviaba un ramo de 27 rosas a la desafortunada elegida. Al día 50, llamaba por teléfono para concertar una cita. Y casi siempre lo conseguía. Su megahit, el día que preguntó “¿Está Estefanía, la hermana de Carolina?”. No me extraña que ganase varias carreras en Mónaco.

En otro orden de cosas, son famosas sus frases “Con esta porquería de Ferrari… nadie notaría la diferencia si piloto un camión”. O la mejor “Senna pilota creyéndose inmortal. Pero quiero darle un aviso: nadie lo es”. Perfecto ejemplo de momento “¡ups!” el día que te la recuerden los periodistas. O el día que a Estefanía le recuerden que se acostó con “esto”.

Cualquier piloto japonés… No, mejor Taki Inoue

Es un hecho empíricamente constatado que los pilotos japoneses favorecen la acción. TODOS dominan la sagrada técnica de tomar la curva apoyándose en el coche de al lado y, en muchos casos, sus trazadas “creativas” son un prodigio.

Katayama, Yamamoto, Suzuki, Takuma Sato… son nombres que nos proporcionan horas incontables de disfrute, pero si alguno tiene todas las papeletas para que lo pongamos en nuestro sagrado altar, al lado del escapulario de la virgen de Linarejos, ese es Taki Inoue: este vídeo con su gran momento de gloria no necesita comentarios.

Taki siempre supo que lo de coche “de seguridad” no tenía mucho sentido.

Tiago Monteiro

Gran premio de Indianápolis: sólo seis coches toman la salida. Tiago logra quedar tercero y, en el podium, en vez de poner cara de tristeza “por el negro día para el deporte que esta carrera ha sido”, se dedica a celebrar con euforia su “titánico logro”. Esa es la definición de ser un grande de España y Portugal.

Pero, la verdad sea dicha, este onvre está en esta lista por el mero hecho de llamarse Tiago Monteiro. Con eso es suficiente.

Los grandes jefes de equipo: Hesketh, Jordan y Briatore

El tabaco es una mierda y no hay más que hablar. Y a los fumadores que gritan “¡intolerancia!” sólo les puedo desear el mismo destino que a Gilles Villeneuve (nótese que en este post no he encomiado las “fazañas” consistentes en conducir como un cipote por la carretera: a esos machitos sólo les puedo desear una limpia muerte desde un acantilado para que no se lleven a nadie por delante). Así pues, en una época – a peich gracias, ya pasada – en la que los F1 eran cajetillas de tabaco rodantes, Lord Hesketh tuvo el coraje de realizar la mejor esponsorización ever (junto con el ATS con logos de ABBA del gran Slim Borgudd). Me refiero a llenar el coche de logos de Penthouse y hacer posar a modelos de ese jaez en consecuencia. Tal gloria sólo osó repetirla el gran Ralf Chumáquer (cuya grandeza ya glosé aquí) cuando adquirió participaciones en una cadena de sex shops.

Eddie Jordan, por su parte, es el rock’n’roll hecho F1. ¿Qué es el ganar carreras si te puedes dedicar a vivir en la pomada, conociendo a la crème de la crème? ¿Ser colega de Hugh Grant o Ian Anderson, por ejemplo? ¡Que le den a la F1! Si, encima, llenas tu pit de todas las zorras inglesas de página 3 de The Sun, es que estás aprovechando lo mejor que la Gran Bretaña te puede ofrecer. Que, además, un zorrón como Katie Price (con sus vídeos hardcore y su empeño desmesurado por llevar más silicona que nadie en el Reino Unido) decida coger el nombre de tu equipo como nombre artístico (sí, se hace llamar “Jordan”) sólo puede significar que has hecho muchas cosas bien en la vida.

Y a los que quieran tacharme de machista por tanta foto de pit babe sólo puedo decirles que no practico yo la loa casposa de estas muchachas mojando mi puro en coñac, no. Antes bien, tanto respeto al gran putero como al gran putón (especialmente si, como en el caso de Jordan, logra tener un escándalo sexual con Ralf Schumacher). La solución a la “caspa” de las pit babes no está en prohibirlas, como hacen en los exterminables países musulmanes. Antes bien, preferiría que algún piloto saliese del armario y reivindicase su bigardo en tanga. Furthermore, haría una ley obligado a que TODOS los pilotos estuviesen buenos y, en el podium, tuviesen que estar en bolas. Needless to say, en vez de la triste metáfora del champán, los pilotos se la machacarían para eyacular los unos sobre los otros. That’s entertainment. Y al que no le guste, que se vaya a hablar de deporte por ahí.

¿Y qué decir de Flavio? ¿El cock rocker definitivo de la F1? Enciclopedias deberían escribirse sobre ente onvre, con un anexo dedicado sólo a su yate (quiero pensar que Naomi Campbell le enseñó a Alonso tres o cuatro cosas sobre la vida en el botecillo de Briatore). Por mi parte, sólo rescatar esta foto en la que Flavio le recuerda a Alonso el inmenso error que fue liarse con un sosainas como Ron Dennis.