Lo primero, ya que muchas veces se me critica por antialonsista, es felicitar a Fernando por sus declaraciones condenando la famosa página de pinchar las ruedas a Hamilton.

Sinceramente, creo que racismo en sí no hay contra Hamilton. Considerando racismo como la discriminación u odio a una persona por su color de piel. Por supuesto, habrá gente que si sienta racismo contra Hamilton, pero bueno, ya se sabe la teoria de Darwin, la evolución humana es lenta…

Lo que hay, y además en abundancia, es un exceso de fanatismo hacia Fernando Alonso, y como en España tenemos esta mentalidad tan extraña, creemos que insultando a Hamilton se demuestra más pasión por Fernando. Craso error… El insulto es el último recurso del incompetente.

Todos sabemos que el año pasado hubo algo raro en Mclaren, no voy a seguir mareando la perdiz con esto, pero cambiad los papeles. Escuderia Seat, española. Fichan a un inglés que viene de ser bicampeón del mundo y le ponen de compañero a un español que apunta alto pero no tiene experiencia. Desde el principio se ve que están a niveles muy parecidos. Qué diriais? Hay que apoyar al bicampeón, o hay que apoyar al español? Por supuesto que siempre hay que apoyar al español, pero sin autoestafarse y sin faltar a la verdad y a la realidad. Alonso tuvo la mala suerte de estar en el equipo equivocado en el momento equivocado…

A partir de ahí, todos los “comunicadores”, vease Carlos Miquel, Lobato, Gonzalo Serrano, De La Morena, se encargaron, a sabiendas del poder mediático que tienen, de alimentar el odio y la cruzada contra Hamilton. Luego, cuando Jimenez Losantos hace algo parecido en política, nos llevamos las manos a la cabeza…

Desde aquí lo único que queda es hacer un llamamiento a la cordura, sin insultar al rival (fair play), y que disfruteis de las carreras. A casi todos nos fastidia que Hamilton sea campeón (a la mayoría porque sois Alonsistas, a mi porque soy de Ferrari), pero hay que reconocer que ha sido el mejor este año y que se merece el campeonato. Veis? No cuesta tanto reconocer la realidad, aunque no nos guste