Pues parece que la suerte sigue sin estar de nuestro lado. Hoy, a muy pocos kilómetros del final de la especial, y cuando habíamos superado a muchos rivales, ha saltado el chivato de la temperatura del motor. Hemos parado inmediatamente para descubrir que se había soltado una de las ruedas de repuesto, había comenzado a dar golpes como loca en el interior de la caja y había roto un manguito del radiador de agua. ¡Un desastre!
Hemos tardado mucho tiempo en hacer la reparación, que ha consistido en taponar el agujero con una bola hecha con cinta americana, asegurarlo dando muchas vueltas con cinta y luego añadir alambre para garantizar el sellado. En total, entre localizar la avería y repararla hemos perdido algo más de 25 minutos.
Una pena porque el día había comenzado muy bien. En el kilómetro 5 hemos alcanzado al coche que salía delante de nosotros, consiguiendo a partir de ahí ir adelantando a contrincantes poco a poco sin demasiadas dificultades, incluido a nuestro compañero de equipo. Quizá lo que más duele es que hoy habríamos podido dar un buen golpe de efecto a los rivales. Que supieran que todavía estábamos ahí…

 

 

 

 

 

 

La etapa también nos ha servido para comprobar las buenas cualidades del Hummer en arena. Gracias al autohinchado podemos poner la presión de las ruedas en 12 libras (0,8 bares, aproximadamente), para que el coche flote sobre la arena, mientras los 4×4 tienen que mantener la presión que llevaban o parar a cambiarla. Cuando volvemos a la pista subimos la presión a 32 libras (2,2 bares). También nos ha sorprendido cuando hemos caído en una cubeta, de la que pensábamos que podríamos tener problemas para salir. Pero en primera y poco a poco el coche ha salido sin dificultades. Impresionante.
En cuanto a la carrera, hemos vuelto a perder mucho tiempo, pero vamos a pensar que eso es algo que también le puede pasar a los demás. El camino hasta la meta es largo y todavía podemos dar alguna sorpresa.